“Las fábulas del erial”: como promesas en campaña política

Reseña de Andrés Barrantes Solís
para Las Peras del Olmo

 

Juan Alberto Corrales, Las fábulas del erial (varias ediciones), San José: Guayacán / Tecnilibros, 104 pp.

erial

Por parte de Juan Alberto Corrales y la Editorial Guayacán nos llega un poemario que de entrada –con semejante portada y título– ya nos daba qué pensar, sin estar seguros de si ese “qué” sería positivo o negativo.

Con un muy generoso texto de contraportada, elaborado por Alfonso Chase, que nos promete una bocanada de aire fresco, de un poemario fértil y asombroso, nos quedamos ante –como lo enuncia su propio título– un erial, un terreno sin cultivar. El libro es una extensa llanura de más de 60 textos cargados de una elaboración cuidadosa, un lenguaje interesante a ratos, pero con recursos estilísticos y comunicativos bastante flojos. Valga señalar que se trata además de una obra que compila todo el trabajo de su autor, desde 1996, y que se nos presenta como un híbrido entre relatos y poemas.

Luego de algunos buenos –y escasos– momentos, nos adentramos en un ir y venir de lugares comunes, que pretenden esconder o revelar realidades universales, pero que a nuestro parecer, se esconden de una manera más efectiva que la mismísima Anna Frank. Si bien es cierto el lugar común no es un recurso que deba despreciarse por puro capricho, nos enfrentamos a una lectura en la que se trata de encuadrar figuras en nuevas maneras de poetizar, pero que caen inevitablemente en poemas que se han escrito mil veces con palabras diferentes, y de las cuales con suerte tres o cuatro han sido eficientes: “protege su descanso con su escudo de diamante / posa tus labios sobre su frente antes que el invierno envuelva a la naturaleza con mortajas de sombra y su reino” (p. 19).

Los textos nos ubican en una ciudad distópica llamada Ur, donde los elementos fantásticos van y vienen, pero ninguno llega a quedarse. En teoría, esa ciudad es cualquier ciudad, pero no tenemos una manera eficiente de relacionar los textos con una realidad cercana, como lectores estamos huérfanos ante la posibilidad de apropiarnos de los versos.

Existe en el libro una constante lucha por separarse de las formas poéticas más novedosas, y más bien por ello cae en un tono trascendentalista aún más aburrido –como si eso fuera posible–. Dicha pelea es un rotundo empate a cero, o en todo caso, el único que pierde es el lector.

Hay una consistencia muy  marcada en el libro que se expresa mediante sus títulos. Voy a ser consecuente: una “cascada interminable de formas repetidas, figuras trilladas, recursos explotados hasta el cansancio”. Vemos por ejemplo “A la luna”, “A la noche”, “Hada púrpura”, “Hojas púrpura”, “Nieve azul”, “Morado cristal” o “Estrella del alba””, tropos que ni Corín Tellado usaría.

La promesa de verdades eternas en el libro nos hace terminarlo porque –bueno, ya lo empezamos, somos débiles– queremos ser magnánimos con esta propuesta aunque nos ataque con misíles del tipo “Prometeo tiene un panal relleno con candelas preso en una torre / ahí se imprimen las herejías más célebres / la deificación de la razón es abominable / abandona tu instrucción, escucha clamar tu nombre” (p. 32) o textos no aptos para diabéticos como “… coronas azules se mecen en tu pelo / hurí hurí zafír de ensueño” (p. 73).

En resumen, es un libro que poco nos convence por su cansado estilo, por ser en exceso repetitivo, pretencioso, cuyos recuerdos se agotan apenas terminada su lectura.

Veredicto: una estrella (que puede ser morada, azul o púrpura, color del inevitable frío del invierno que envuelve nuestras negras noches mientras esperamos el alba para ver arder el cielo –insertar suspiro aquí).
Sentencia: convertirse en un ser fantástico todas las navidades.

 

Página del libro en Wikipedia

Notas en prensa: Semanario Universidad y La Prensa Libre

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Los mejores poemarios costarricenses del 2016 según nuestros lectores

Aquí está nuestro especial de fin de año. Presentamos los 10 poemarios favoritos de nuestros lectores para este 2016.

752px-carl_spitzweg_-_the_poor_poet_-_wga21687El poeta pobre de Carl Spitzweg

La selección de los 10 libros preferidos del 2016 por el público para Las Peras del Olmo ofrece una muestra variopinta. Tan disímiles entre sí pueden ser los libros escogidos como las treinta personas que emitieron sus votos, la mayoría de ellas dedicadas a la literatura. Da gusto observar la proyección de algunos autores, pues los tres primeros lugares son para libros editados en el extranjero. De igual forma, hay variedad de editoriales representadas, desde grandes transnacionales hasta editoriales independientes que recién arrancan, públicas y privadas. También, llama la atención la amplia representación de trabajos compilatorios a la vez que no dejan de extrañarse algunas ausencias. Pero una vez más, esta lista ha sido elaborada por los lectores, no por nosotros. Lo que sí hemos preparado es este especial con reseñas muy breves de cada libro seleccionado, con la invitación permanente de que los busquen, los lean y los pongan a circular. Con ustedes, los 10 libros escogidos por los lectores:

  1. Wallau (Valparíso, México), G.A. Chaves

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Desde el título, entramos en un universo pletórico de sugerencias. Se trata sin duda de un libro cuidado y bien cincelado. Destaca la precisión y eficacia del verbo de Gustavo Chaves. Su lenguaje es depurado, plenamente consciente de los recursos que utiliza, los cuales despliega con imaginación, sin renunciar nunca al tropo cotidiano, bien afincado en referentes concretos, que aportan vitalidad y cercanía, a la vez que sutileza. Estamos frente a un libro realmente destacable como pocos, en el que sobresale la segunda parte, la elegía por el padre muerto, ese Wallau del título, deslumbrante lección poética sobre el modo en que es posible llevar al terreno literario una vivencia personal y convertirla en poesía. Finalmente, la tercera parte reúne poemas del primer libro de Chaves, Vida ajena, y a juzgar por esta muestra, se trata de otro libro de gran factura, donde destacamos el poema “Por el río sinuoso”, texto complejo de largo aliento.

  1. Falso documental. Poesía completa: 1997-2016 (Seix Barral, Argentina), Luis Chaves

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Qué duda cabe de la importancia y significación del trabajo de Luis Chaves en la poesía costarricense y de la región, algo que el espaldarazo del sello internacional Seix Barral viene tan solo a confirmar. Falso documental reúne la obra poética completa de su autor (o al menos de la que se sigue haciendo responsable, pues omite su primer libro, El anónimo) y de alguna manera viene a ser su graduación, la rúbrica al final de una carrera de veinte años. La poesía de Chaves ha sabido tocar fibras particulares en lectores diversos. Quizá sea la cercanía de sus referentes, la sencillez con que los trata, la simpleza de una voz afable que también ha sido tocada por la pérdida. Quizá sea que como pocos ha sabido interpretar el signo de sus tiempos y los ha transmutado en literatura, una literatura que así reunida es la proyección de una nostálgica película latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX.

  1. Treinta y seis daguerrotipos de Diotima desnuda (La Isla de Siltolá, España), Mauricio Molina Delgado

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La poesía de Molina se ha caracterizado siempre por una búsqueda estética de corte experimental, en sintonía con las vanguardias del siglo XX. Sus libros han sido la invención y reinvención de un código poético en constante transformación. Quizá por eso han pecado en ocasiones de una gratuita oscuridad. Pero en estos treinta y seis daguerrotipos, su poesía brilla con claridad, sin renunciar a su identidad. Se trata de un conjunto delicadamente construido, como lo prueba el poema en cinco partes “Traducción imposible de un soneto de John Paele Bishop”, de lo más destacable del libro. En estos poemas, Molina logra balancear una cuota de inteligencia y una de intimidad, elemento este último a veces escaso en sus anteriores trabajos. Hacia el final del libro vuelve sobre algunos tics de su poesía concreta, conceptual o visual, que restan fuerza en el cierre; sin embargo,  es este quizá el único “pero” que ponemos.

  1. El otro Damián (Euned), Rodrigo Zúñiga

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La mayor virtud de este libro es su ambiciosa estructura. Hemos señalado insistentemente poemarios cuyas divisiones internas no aportan nada; por el contrario, en este de Zúñiga el ordenamiento de los textos ofrece una estructura “narrativa” de gran significado. En cuanto a los poemas, bien ejecutados, se nutren de imágenes interesantes y llenas de plasticidad. Ahora, si hay un problema, este radica en el tema central, pues puede resultar lugar común: el doble (insinuado desde la portada), el sujeto que habla en nuestro interior o la voz que le habla ese sujeto. Materia rica y arriesgada, no cabe duda, pero que aún debió madurar un poco más para ofrecer un texto de mayor potencia en cuanto a su propuesta conceptual. El intento de introducir el discurso del psicoanálisis no da todos los frutos deseados, pero podemos augurar un camino prometedor para el proyecto poético de su autor.

  1. Los amores imaginarios (Euned), Gustavo Arroyo

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Arroyo vino este año con dos poemarios sumamente interesantes, el que nos ocupa y Circulo de diámetro variable. En su estilo destaca el juego conceptual como forma de acercarse a lo íntimo, la máxima  filosófica y el aforismo junto con la ironía del desengaño del hablante. Hay abundancia de calidad en su propuesta. En Los amores imaginarios, título prestado de una película de Xavier Dolan, el poeta explora los vínculos del amor: filial, de pareja, maternal, y lo hace con un estilo parco a ratos y pletórico de imágenes en otros. Arroyo se mueve entre la construcción mítica y la elaboración racional. La parte central, que da título al libro, es la más destacada, la más personal, probablemente. El único defecto que notamos en el estilo de ambos libros es cierto exceso de circunloquios, conectores y frases propias del discurso formal, que no dejan de ser tics de esta voz tan única de Arroyo, pero que aún deben ser mejor dominadas.

  1. Los secretos de Abraham (Astillero), Armando Antonio Ssacal

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La poesía que nos ofrece Ssacal en este libro es contenida, depurada; se nota que su búsqueda es por la exactitud. Sin embargo, a veces esa sencillez nos deja esperando algo más de garra o de vigor. Los textos se mueven entre una esfera íntima, de gran ternura, en una suerte de diálogo de esa figura que llama al hablante “Tato” y otros textos donde el tono filosófico o conceptual toma el control. A veces la ejecución es muy eficaz, y eso se agradece, a veces los poemas parecen bocetos. Hay una serie de divisiones que no aportan mucho, pues el tono general del libro es el mismo, y más bien tiende a la repetición. Detalle aparte merece la edición, pues se nota descuidada. Comas que no van y otras que faltan, por poner los ejemplos menores, y un diseño que denota que se trata de una editorial que recién empieza en estas lides, y por ello debe prestar atención.

  1. La terrible noche. Antología poética (Perro Azul), Guillermo Sáenz Patterson

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Saénz Patterson es una figura de culto dentro de ciertos círculos de la poesía costarricense, los cuales frecuenta desde hace varias décadas. Curioso resulta entonces que no haya dejado escuela. Especulamos que esto se debe a que su estatus de figura singular se impone a sus aciertos poéticos, pues en el fondo su propuesta estética no es más que la acumulación de todos los lugares comunes del “malditismo”. Muchas veces, uno cree estar leyendo malas traducciones de Baudelaire o de Rimbaud. Sus giros, sus tropos, eso sí hay que reconocérselo, han sido los mismos a lo largo de toda su carrera, algo que esta antología deja en evidencia. Al menos cabría rescatar esa insistencia estilística como una forma de no dejarse avasallar por las modas. Habría que ver aún si su famosa “Oda al Marqués de Sade” es una obra maestra o un mero divertimento.

  1. Secretos perfectos. Poesía selecta de amor: 1965-1995 (Euned), Alfonso Chase

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Chase es un clásico contemporáneo y eso significa nada más y nada menos que se trata de un autor absolutamente vigente en muchos ámbitos y aspectos. Ahora nos ha regalado esta selección de sus poemas de amor a lo largo de tres décadas, una muestra de poesía vigorosa, exuberante, rica en imágenes, desbocada en ocasiones hasta casi rozar lo épico. La antología está construida de un modo que permite ver las diferentes etapas de  Chase, como una especie de preámbulo para entender la nueva obra poética que según nos cuentan está por salir el próximo año. Secretos perfectos, en una cuidada edición, nos recuerda la estatura literaria de Chase, en caso de que alguien hubiese tenido la osadía de pretender pasarla por alto; nos presenta al gran poeta, al mito, en todo su esplendor. Un libro fundamental que sin duda merece un puesto mucho más alto en cualquier escalafón.

  1. El manuscrito (ECR), Juan Carlos Olivas

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Este libro mereció el Premio Eunice Odio de Poesía de la Editorial Costa Rica, uno más en la incipiente pero exitosa carrera literaria de Olivas. Se trata de un libro que ofrece varios poemas de gran factura, de tono elevado, solemne, donde los valores rítmicos y sonoros son muy importantes. Destacan poemas como “Pies pequeños (Manuscrito perdido de Yang Yueqing)”. Lamentablemente, el libro como conjunto no funciona. El pretexto del manuscrito se cae a la primera de cambios. Los poemas no guardan relación entre sí y abordan los más diversos temas. El intercambio epistolar entre Anayansi (la editora) y Joaquín Dobles (el escritor, homenaje obvio en exceso) resulta en extremo dulzón, con lugares comunes, pero sobre todo, artificioso sin buenos resultados, pues las dos voces no se diferencian. El manuscrito es, en síntesis, un proyecto fallido.

  1. Largo adiós sin carta (Germinal), Fabián Coto Chaves

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Este libro de Fabián Coto es una muestra de todos los elementos que hasta ahora han caracterizado su escritura, sea en relatos, en artículos y ahora en poesía, esto es: nostalgia por un pasado idílico e ironía por un presente amargo, mediante fábulas y símiles de gran ingenio; sin embargo, consideramos que en este caso el resultado es menos efectivo y los trucos más obvios. El poemario es un conjunto de textos de amor y desamor, y en esto reduce el espectro cosmopolita de su primero libro, El país de las certezas. Además, los poemas acusan cierta ingenuidad o falta de trabajo, como si se tratara de un eterno adolescente incapaz de lograr que sus relaciones de pareja funcionen más allá de un rato o de una anécdota divertida o dolorosa. No hay duda de que es un autor con grandes materiales a mano, pero sus productos nos siempre son los mejores.

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“Challenger”: la metáfora de un transbordador

Camilo Retana, Challenger, San José: EUNED, 2016, 92 pp.

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Hace 30 años el transbordador espacial Challenger explotó poco después de su despegue. Una de las tragedias más simbólicas de finales del siglo XX. Por otra parte, los años 80 fueron el cruce de eso que los publicistas han llamado generación X y generación Y (millennials), y Camilo Retana es un claro ejemplo de ese cruce.

Challenger (un breve volumen dividido en seis partes) es el segundo libro de Retana, uno en el cual intenta dejar atrás ciertas marcas del estilo de Luis Chaves presentes en su primer trabajo, Mala estirpe (Perro Azul, 2007), algo que logra con creces. A la vez, se hace evidente ese ADN de la cultura pop tan presente en la poesía de tono coloquial (la mal llamada en nuestro país antipoesía), que podemos observar en autores como Felipe Granados, Alfredo Trejos, Jonatan Lépiz o William Eduarte.

Uno de los rasgos o constituyentes retóricos de esta “antipoesía” consiste en poemas que presentan anécdotas o hechos históricos, los cuales desembocan en algún tipo de (anti)moraleja. Este rasgo, tan evidente y gastado, aparece en la primera parte de este libro, y eso decepciona un poco: “Yuri Gagarin viajó al espacio un 12 de abril de 1961. // Más tarde, / convertido en un bebedor empedernido, / se lanzó desde un segundo piso / y estrelló su cráneo contra el suelo. // Desde el espacio / se ven cosas / que nadie debería ver. // Desde el espacio / el mundo es un punto diminuto, / insignificante” (p. 3). Esta primera parte se compone de siete poemas (numerados), y los cuatro primeros recurren a este truco, lo cual acentúa el recurso y provoca que pierda eficacia.

En la segunda parte, dicho recurso cede su espacio, y permite la aparición de otros temas, como el de la escritura: “Los poemas no cambian a nadie” (p. 13); sin embargo, el tono y la forma tampoco cambian. Hay textos en exceso breves que hacen suponer que algo más pudo ser posible: “Como Gasparov [sic] / triste / silente / frente a la máquina” (p. 14). Tanto esta parte como la primera han permitido, eso sí, establecer una atmósfera y una cierta “emocionalidad” de la pérdida y un cuestionamiento existencial.

La tercera parte resulta la más interesante, sin lugar a dudas, pues ofrece un giro que dota al conjunto de un poco más de dinamismo, al insertar la figura de Jesús y establecer un paralelismo entre este y el astronauta desconocido que viaje en estas páginas. La soledad de un dios arrojado al mundo por su padre es a la vez la soledad de un astronauta arrojado al vacío del cosmos. “Estoy sentado a la diestra del padre. // Me arrojo al vacío / pensando en otro tiempo, en otras manos. // Pero he aquí que me despierto / y sigo cayendo” (p. 24). Las preguntas existencias de uno son las del otro, el dolor de uno es el dolor del otro: “Tuve que detenerme / y pensar: / Dios, / desde los cielos, / ¿veía en la cruz / un punto iluminado?, / veía dentro de la cabeza sangrante / de su hijo?, / veía acaso / la corona de espinas? // Tuve que detenerme / y preguntar: / ¿alcanzaba Dios a ver / la inscripción / sobre el cuerpo mancillado de su hijo?” (p. 25).

La cuarta parte retorna a una voz más terrenal, si se quiere. El hablante lírico vive inmerso en un mundo lleno de cotidianidad en el que el amor también es un signo abierto y en devenir: “No tengo nada que confesar / ni dinero para analizarme (p. 36); “Con la disciplina de un samurái / me preparo el desayuno (p. 37); “Te declaré mi amor a oscuras / y en silencio. / Pero luego te besé desesperadamente. […] // En vos busco a todas las mujeres / que alguna vez amé” (p. 38).

La quinta parte nos siguiere que los poemas son “testamentos secretos de algunos astronautas”, pero de nuevo, el tono lo contradice, porque sentimos que se trata de la misma voz que nos ha venido hablando desde el inicio: “Puse mi pie en la luna / como una bailarina rota (p. 51). Aunque esto no obsta para que haya versos logrados con sutileza: “¿Querés saber cómo es el espacio? / Pensá en tu nombre pronunciado / sobre el fondo de la noche” (p. 52).

Sucede lo mismo con la última parte, la cual se anuncia como el diario del astronauta Z, nuestro astronauta desconocido, pues de inmediato nos damos cuenta que ha sido él quien nos ha hablado a lo largo del libro, y esta sección funciona a modo de recapitulación: “Si Dios viera este rincón / donde nos apiñamos a veces / se sentiría miserable / por haber creado el mundo” (p. 55); “En la madrugada / cuento las horas / que me quedan por dormir. / Vos estás dormida / y no te importa (p. 60); “¿Recordás las voces / que te llegaban / diferidas / del espacio” (p. 61).

Challenger es un poemario cuidadosamente construido. Las diferentes partes otorgan al conjunto cierta prestancia y no hay duda de que encontramos momentos de gran fineza y hondura emocional, pero se trata también de un poemario que no logra alzar vuelo por completo, como si de una metáfora de la nave espacial que explotó en los televisores de muchas casas se tratara. Es un libro que resulta plano o predecible a ratos, quizá excesivamente cuidado, tanto que termina por diluir su “esencia” al extremo, algo que hemos apuntado respecto de otros poemarios costarricenses. ¿A qué se debe esto? A lo mejor a  ese afán por la brevedad que muchas veces más bien acusa falta de riesgo. No lo sabemos. En todo caso, sentimos que Challenger es un poemario que merece ser leído, a pesar de estos desperfectos mecánicos que hemos apuntado.

Breve nota final:

Como ya se nos ha empezado a hacer costumbre, vale la pena mencionar la portada. Un nuevo caso de doble personalidad de la EUNED. En esta ocasión para bien, pues consideramos que se trata de un gran trabajo, de una buena imagen perfectamente aprovechada.

Veredicto: dos estrellas y media (de regular a bueno)
Sentencia: que orbite eternamente alrededor de la tierra con una versión de “Space Oditty” cantada por Arjona
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