“Bestseller”: un título irónico o una ironía trascendentalista

Alexander Alvarado, Bestseller, San José: EUNED, 2016, 88 pp.

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Breve descargo

La tarea que nos hemos impuesto es ingrata. No cabe duda. Pero tampoco vamos ahora a quejarnos. Solamente queremos insistir por un momento en que el objetivo de este blog de reseñas está dedicado exclusivamente a libros de poesía publicada en su totalidad por primera vez a partir del 2016. Esto lo dejamos claro en nuestra primera entrada. La única excepción fue nuestra primera reseña, de un libro del 2015, la cual se hizo por tratarse de un premio nacional y porque para ese momento aún no había salido ningún título del 2016.

¿A qué viene esto? A que hasta ahora los libros nuevos están en deuda. Hay quienes dicen que no todo puede ser malo. Hemos dicho que esto no es culpa nuestra, sino de los libros. Nos han pedido reseñar Secretos perfectos, de Alfonso Chase. Un libro imprescindible, sí, pero es una antología de sus poemas de amor, no un libro con textos nuevos. En fin…

Luego, decíamos que era una tarea ingrata. Por eso mismo desde el principio nos pusimos límites, para poder abarcar la producción nueva, y ya vamos por noviembre y no hemos cubierto ni la mitad. Lo único que nos alienta es que los nuevos poemarios del 2017 empezarán a salir hasta mediados de año, como es la costumbre, así que tendremos algunos meses para ir poniéndonos al día.

Pero la tarea también es ingrata porque así como los poemarios parecen repeticiones tras repeticiones, ya nos vamos cansando un poco de repetir o señalar cuáles son los giros y lugares comunes del trascendentalismo, del coloquialismo o de otras tendencias, y a veces quisiéramos darlas por sentado o simplemente abandonar todo intento.

Y pues eso, y aquí vamos de nuevo…

Ahora sí: al Bestseller

Alexander Alvarado nos resultó un nombre nuevo; sin embargo, la nota biográfica dice que ganó el Lisímaco Chavarría en 2009 y que ya ha publicado dos libros: La tregua imposible y Ritual de invierno, ambos con Líneas Grises, el sello (marcado con hierro candente) del Círculo de Poetas Costarricenses.

El título del libro no parece surgir de esa maquila de títulos compuestos del Círculo (“Crepúsculos de ceniza”), pero la referencia biográfica nos pone alertas. La presentación del propio autor también nos preocupa, pero nos lanzamos valientes a los poemas.

El texto se divide en dos partes o proyectos, como los califica el autor, en realidad independientes uno del otro. También afirma que se trata de dos tonos o lenguajes poéticos (algo que no se cumple). Aquí nos preguntamos la razón para unir ambos proyectos en un solo volumen y si esta fue la mejor opción.

La primera parte, que da título al libro, ofrece una miscelánea de estampas propias de la ciudad, de sus comercios, de la publicidad, de los símbolos del consumo, de las marcas, del capitalismo. Ensaya una crítica contra el sistema económico, contra la banalidad de nuestras prácticas y contra la superficialidad de nuestras conductas. Los títulos de los poemas son elocuentes: “Black Friday”, “Click”, “Password”, “Random”, “Revista” (y volvemos a insistir en que no acusan la influencia trascendentalista). Pero hasta ahí, porque apenas iniciamos la lectura y va de vuelta a los clichés: “Yo también quiero aprender / cómo cortejan los vampiros / en su juventud de manzanas desveladas” (p. 3). ¿Manzanas desveladas? ¿Es en serio? Solo el romanticismo y el subjetivismo más ingenuos dirían que es una imagen hermosa sujeta a interpretación. Ok. Perfecto. Nosotros somos menos trascendentes y necesitamos un manual que nos explique qué es una “manzana desvelada”.

Y seguimos: “Porque ya quiero / zurcir con lentejuelas / las noches mutiladas de mi nombre” (p. 4); “desorbitada bailarina, / que solo va de su insomnio a su insomnio: / desesperado saldo de sí misma” (p. 5). De verdad, a lo mejor nuestra labor sería mostrarles a ustedes las fuentes de donde surgen este tipo de tropos, pero es que como ya dijimos es cansado estar repitiendo. Si a ustedes les interesa comprobar lo que decimos, los invitamos a buscar imágenes similares en su léxico y construcción en los libros de Laureano Albán: “nombre”, “insomnio a insomnio” (que a su vez viene de Neruda), “de sí misma” y tantas otras. Entendemos, puestas de esta manera parecerían inocentes palabras, pero cuando se han visto hasta la saciedad, página tras página, verso tras verso, golpe a golpe… ah, no, eso era otra cosa…, libro tras libro, poeta tras poeta pierden por completo su inocencia y se identifican con un tipo rígido y cuadrado de hacer poesía.

Como ya hemos apuntado en otros momentos, el trascendentalismo parte de que la experiencia cotidiana puede (y debe) ser traducida a un “lenguaje poético trascendente”, pero en ese paso comete el error de considerar que la experiencia trascendente consiste en endilgar adjetivos inusuales a sustantivos o situaciones concretas. Así, por ejemplo, “la tarde” no es sola “la tarde”, sino “la tarde oscura de tu nombre”. ¿Se entiende el mecanismo? En el poema “Cupcake”, un quequito no puede ser un quequito, no, jamás; el quequito debe ser aderezado con la rimbombancia del supuesto lenguaje poético: “Y ahora llévate / tu pequeño milagro edulcorado”. / Y muestra / esa glaseada luz en tu mirar, / ese espolvoreado  halo de dios merecido, / que aún cree en su albedrío / de manzana delirada” (p. 8). Lo único edulcorado aquí son estos versos… y las manzanas, que ya no están “desveladas” sino “deliradas” (que no “delirantes”).

Y así podríamos seguir enumerando ejemplos, citando casos donde la construcción muestra esa honda huella del trascendentalismo, una huella calcada. Es una lástima que el intento por ironizar o realizar un comentario social sobre nuestro tiempo se vea opacado o sumergido entre esa maraña de cursis lugares comunes y torpes ejecuciones.

La segunda parte, “Abril contra la muerte”, es un conjunto de poemas de amor y desamor, y desde aquí ya entramos perdiendo. Y como no puede faltar la palabra del Padre, el texto tiene una introducción de Laureano Albán (consíganse diez libros de Líneas Grises –con eso basta–  con prólogo de Albán y verán aquí también las mismas frases y elogios).

Para esta sección, será suficiente con que transcribamos un poema. Hemos escogido “Agenda de arena”: “Perdona que por esta vez / haya canjeado / nuestra filial humedad, / por las urgencias minerales / de este marzo y sus desiertos. // Porque hora tras hora solo alimenté / este seco escorpión de las jornadas, / y solo gané estas medallas de arena / por las que me creo imprescindible / para el mañana”. // Y perdona mis párpados / que gravemente anochecen / sobre el aterido final de mi agenda, / donde ya no alcancé a apuntar / la tibieza sin horarios de tus yemas peregrinas” (p. 45). Aquí es donde decimos: “I rest my case” (o “We rest our case”). La agenda tiene que ser de arena, porque una de Mafalda es mucho pedir. Hay un “escorpión de las jornadas” y para cerrar la agenda hay un “aterido final”. Un lenguaje que nos saca por completo, versos que no dicen nada. El hablante empieza pidiendo perdón, todo bien hasta ahí, pero luego, nada, no sabemos por qué. Todo queda sepultado en adjetivos e imágenes incomprensibles.

Otros ejemplos, mor del argumento: “Quédate alevosa / a consumir su última hora / hasta su gemido más salobre” (p. 46); “como un colibrí urgente / enhebrando estas brumas / que heredé de mí mismo” (p. 47). Y esta preciosidad: “Hoy no vengas, que he dejado mi barba innumerada” (p. 48). No sabemos. Somos lampiños. Habrá que preguntarle a los hipsters que piensan de esa imagen. ¿Cómo pedir en la barbería que nos dejen la barba innumerada? Estas y otras preguntas nos asaltan mientras terminamos de leer otro poemario más inscrito en la estética trascendentalista.

Breve nota final

Si hiciéramos un concurso de portadas feas, el primer lugar se lo llevaría la de Letra espina. El segundo lugar Vocación de herida y el tercero sería para esta de Bestseller. No entendemos qué sucede en la EUNED. Parece una editorial bipolar. Así como publica buenos libros con buenas portadas, como Crooner, de Alfredo Trejos o Los hijos de Sitting Bull, de Eduardo Valverde o el ya citado Secretos perfectos, de Chase; también publica bodrios infumables. Es como si no tuviese claro su norte. Se entiende que es una editorial pública, pero debería cuidar mucho más su catálogo. Es una lástima que las mejoras y avances que se distinguen por un lado se vean opacadas por otras apuestas conservadoras y gastadas.

Veredicto: una estrella (malo)
Sentencia: que no se venda ni en los saldos de enero ni en baratillos y menos que se regale
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