“Sombra que soy”: la misma de siempre

Olga Goldenberg, Sombra que soy (Colección Nivel 2.0), San José: Editorial Germinal, 2016, 92 pp.

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En la contraportada de Sombra que soy, afirma Carlos Cortés: “[Olga] Neologiza, lenguajea, trabalengua, desmemora –como escribe–, resucita una lengua olvidada y la rebautiza con los nombres de la precisión, en una dicción descarnada y puntual, sin desperdicio”. Con semejante promesa nos metimos de cabeza en el libro, tan solo para darnos cuenta de que o Cortés habla de otro libro o que el editor equivocó los textos de solapa. Nada de lo expuesto se cumple.

Así, lo primero que cabe decir sobre este poemario es que se trata de un estilo harto conocido. Los poemas recorren dos clichés: por un lado, el del intimismo (poesía egotista) y por otro el de “lo femenino” (como fecundidad  y sexualidad reprimida). La primera vertiente es típica de gran parte de la poesía costarricense, y en este caso, se trata de una perspectiva bastante ingenua (aquí distinguimos “ingenua” de estéticas naíf o populares) por parte de la autora. Las imágenes de un sujeto lírico que se ve a sí mismo, que interioriza sus emociones, que se visualiza en soledad se repiten sin mayor revelación o novedad: “Las palabras recorren mis sentidos / galopan por mis venas” (p. 8); “Vivir conmigo misma” (p. 9); “Mi soledad y yo cohabitamos” (p. 15). Desde el título, el concepto “sombra” ya viene gastado y no hay nada que lo revitalice: “las sombras nos aguardan” (p. 15). De igual manera, los tópicos de la poesía femenina (o erótica y amorosa, escrita por mujeres; cfr. Istarú, por ejemplo) están presentes a lo largo del libro sin presentar otras posibilidades expresivas o distintas exploraciones del conflicto de género. Que tengamos un poema llamado “Lilith” (p. 45) o textos con la retórica de “La hembra. / La mujer.” (p. 47) nos dicen rápidamente en qué terreno nos movemos.

Por otra parte, ahí donde predomina un intento de lenguaje sencillo y coloquial, encontramos constantemente imágenes que destacan la naturaleza (como vida o dadora de vida, con el paisaje guanacasteco como referente; cfr. “Diosa Madre”, p. 47), a las cuales se le suman otras de tipo trascendentalista (“Conjugabas en verbo de recóndita estirpe / memorias centinela”, p. 73) y muchas otras tan rígidas e insípidas como  “la coherencia absoluta de tus actos” (p. 76).

Una vez más, estamos frente un tipo de poesía que si se lee con poco cuidado podría pasar por “aceptable” o “buena” (cierto ritmo, algunas imágenes, quizás unos cuantos versos), y que frente a un ojo benevolente hasta podría recibir un premio nacional. Ejemplo de esto son los poemas “Verbo” (pp. 41-42) u “Ocultas voces” (pp. 78-82), que empiezan bien y tienen un mejor ritmo, pero que no alcanza. Y el problema es justamente ese, se trata de poesía que acusa falta de rigor, de conocimiento y de visión de parte de quienes escriben y de quienes juzgan. Poesía ingenua, poesía en déjà vu. Es un estilo y una propuesta que hoy no dice mayor cosa, excepto recordarnos parte de la vida interior o de las experiencias del sujeto lírico, que son similares a las de muchas otras subjetividades, y que se pasea a lo largo y ancho del lugar común de lo femenino como sinónimo de vida o como pérdida.

Veredicto: una estrella, malo (sin gracia)
Sentencia: que no haya sombra bajo ningún Guanacaste que la proteja
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Cita

6 comentarios en ““Sombra que soy”: la misma de siempre

  1. no conozco este libro, pero afirmar que el intimismo, poesía desde el yo lírico, es un cliché, no se vale, todos los temas de la poesía son siempre los mismos, y la particular perspectiva de usar el yo lírico en el afán intimista, no debe ser juzgado como cliché, pues el lugar común se da en las relaciones entre palabras, ya sean conceptos, símbolos o designación de cosas concretas y con adjetivos o adverbios, como si pueden ser las frases descontextualizadas que apunta: las palabras recorren mis sentidos, galopan por mis venas. Así como la frase hecha, (no es una metáfora): vivir conmigo misma. o la imagen: mi soledad y yo cohabitamos, que es un tópico de la literatura desde siempre, sin embargo, para juzgar con tanta dureza hay que ver la necesidad expresiva de todo el poema, que estoy seguro posiblemente Núñez ha considerado. El símbolo de la sombra es recurrente de mucha literatura, así que el título sombra que soy, no pretende originalidad sino un decirse así misma, en un extremo de la realidad. La imagen que denomina de tipo trascendentalista, es una imagen épico lírica propia de cierta poesía un poco grandilocuente, por una búsqueda temática de contornos histórico fundacionales, no nos remite a la revelación trascendental, sino a textos como algunos nerudianos y otros. Leeré pronto el nuevo libro de Olga, pues algunos de sus poemas los conozco desde que nacieron, y tendré un criterio mejor formado, abrazos

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    1. Lo que intentábamos decir es que la perspectiva egotista presente en el libro no nos aporta nada nuevo. Está claro que no podemos hacer un deslinde radical, y que a lo largo de la historia la poesía (lírica) ha estado asociada con un “yo”, pero eso es una cosa y otra muy distinta reflejar una visión ingenua, producto de creer que la poesía es “expresión de sentimientos”. Otro tanto podríamos decir de la poesía de la experiencia. No es el tema o el enfoque, es el creer que se trata tan solo de contar lo que vemos o vivimos, cuando no es así.

      Cuando criticamos el lugar común del concepto “sombra”, no es porque hablemos de “originalidad”. Se trata simplemente de que todo texto debe ser capaz de ofrecernos una revelación (algo que estoy seguro calza bien con su estética). La palabra, el concepto, aquí no dicen nada, no revelan nada: es la misma sombra de siempre.

      Sobre el rigor, es evidente que no hablamos ni de ciencias ni de preparación en la academia, sino de trabajo y profundización. Si como creadores no consideramos que el trabajo riguroso es indispensable no sé que estamos haciendo. Aquí, diferimos totalmente: la poesía no es (al menos no solo eso) un acto de emotividad.

      En cuanto a las imágenes trascendentalistas, pues usted mismo lo dice muy bien: el trascendentalismo costarricense tiende a una grandilocuencia épico-lírica que se puede encontrar en Neruda y otros. Por lo demás, invitado a leer el libro. Esa es la idea.

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  2. Tu estilo abrasivo tiene la facultad de tornarse incómodo, durante la lectura nos saca del espacio de confort y nos hace reflexionar. Algunos conceptos están apenas puestos, sin mayor desarrollo, lo cual provoca la necesaria especulación en el lector para intentar completarlos, pero eso me parece excelente. Ante mis ojos lucís como un lector exigente y eso es un acto de bondad, pues compartes tus opiniones con los demás para sugerirnos vertientes y opciones de aproximación al texto comentado.

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