“Reino de las cosas perdidas”: una promesa a medias

Edmundo Retana, Reino de las cosas perdidas (Colección Mare Monstrum), San José: EDiNexo, 2016, 60 pp.

Reino Retana

Creemos que en las artes hay un dilema irresuelto: hay obras buenas o malas, sí, pero hay un terreno gris que nos deja un poco con las manos vacías, como esperando algo más, como una promesa por cumplir. Reino de las cosas perdidas, el más reciente poemario de Edmundo Retana, bien podría ingresar en esa difusa categoría intermedia.

Retana tiene ya un camino recorrido en la poesía costarricense. Su último libro hasta hoy era Pasajero de la lluvia (ECR, 2006), y ahora nos trae un breve volumen con un ambicioso título, que parece a medio camino de algo que pudo ser muy bueno. Es un texto tan breve que se lee en cuestión de 15 minutos. No diremos que la brevedad es un pecado, pero no hay duda de que nos hace cuestionarnos el papel de las editoriales y la proliferación quizás excesiva de libros. Hace que nos preguntemos por qué el autor no maduró más el texto, para darle más vuelo. Ahora, bien pudo ser una decisión muy madurada y bien pudo haber cumplido sus objetivos, pero sentimos que sobra precisión y falta riesgo.

En Pasajero de la lluvia, entre otros asuntos, Retana mezclaba poemas sobre la figura paterna con otros de tono amoroso; a la vez, recurría al texto en prosa (de corte narrativo y coloquial) y al verso. En este nuevo libro, compuesto por cuarenta poemas en verso distribuidos en tres partes, se repiten aquellos temas. En la primera parte (I), el hablante lírico interpela al padre y a la madre: “Qué lástima / que no supo usted / tomarme de las manos, / esas mismas / que sembraban / gladiolos / y encumbrarme / en el aire puro / de mis cinco años, / ir juntos / a los potreros / mirarnos en el agua / recién llovida, / más allá / de nuestras / orfandades / padre” (p. 12); “Hurgaron / en mi sombra, / madre, / como en un espejo. / Buscaban en mis ojos / el dolor de los tuyos” (p. 13). La segunda parte (II) adopta un aire existencial: “Ni los libros más hermosos / que voy leyendo / pueden aplacar  / este vértigo de lunes / que me lleva / de las aceras  / al tendido de los cables / donde voy como un equilibrista” (p. 31). En la última parte (III) retoma el problema de la paternidad, pero ahora no solo interpela al padre, sino que el hablante asume el mismo papel: “No soy el padre perfecto. / Me entiendo a gritos / con mis hijos en las aceras” (p. 51). En esta sección, además, encontramos el mejor poema del conjunto: “Hemos sido hallados / por una voz / más antigua que la noche” (p. 54).

La división en tres partes al principio nos resultó algo arbitraria, sensación causada porque por lo general encontramos poemarios cuyas divisiones lo son. También, a pesar de que el libro es breve, creemos que cada parte prácticamente constituye un solo poema, y en ese sentido pudo prescindir de una buena porción de versos. Pero bueno, es evidente que entonces no habría sido posible un libro. Sin embargo, a pesar de esa sensación, a partir de la segunda lectura empezamos a encontrar las conexiones. El texto se construye como una suerte de tesis-antítesis-síntesis. De la infancia y el padre ausente pasamos al sujeto enfrentado con el mundo, hasta llegar de nuevo a sus propios conflictos como padre y como habitante de ese mundo.

Reino de las cosas perdidas tiene versos de alto vuelo, que merecen atención, no hay duda, pero también ofrece vaguedades y versos perezosos: “¿Quién no ha sentido / el miedo / en la punta / de los dedos? // ¿Quién o ha caminado / sin saber / adónde iba?” (p. 33). Como libro, es apenas tibio. La promesa del título es demasiado abarcadora, pero el contenido apenas un vistazo a unas cuantas cosas de ese reino. La estética minimalista funciona en algunos tramos, pero en otros simplemente denota falta de rigor o desidia por explorar nuevas opciones formales. Pero bueno, también es su decisión. En fin, un poemario aceptable que pudo haber sido mejor.

Veredicto: dos estrellas y media (de regular a bueno)
Sentencia: encontrar todas las cosas y traerlas de vuelta
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