360 grados de poesía: es decir, empezamos donde estábamos

Minor Arias Uva, Costa Rica: 360 grados de poesía (ilustrado por Rudy Espinoza),  San José: EUNED, 208 pp., 2016

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Ya vamos por junio y la cosecha poética en publicaciones parece exigua. Poemarios anunciados y hasta reseñados en medios nacionales resulta que no están en librerías. Y si no fuera porque alguien –no sabemos con qué intenciones– nos puso sobre aviso, ni nos hubiésemos enterado de que se publicó –y se presentó la semana pasada– el libro Costa Rica: 360 grados de poesía, de Minor Arias Uva.

Buscamos el libro y lo primero que llamó nuestra atención es que se trata de un texto con fines educativos, producido por la Universidad Estatal a Distancia (UNED). Esta característica nos hizo dudar de si reseñarlo o no hacerlo. Sin embargo, como hemos pasado tantas semanas a la espera de material nuevo del cual conversar, decidimos acometer la tarea.

Arias Uva es conocido por sus libros y poemas para niñas y niños, y ahora nos presenta un poemario cuyo objetivo es mostrar las bondades naturales del país a los turistas, y creado expresamente para la materia Técnicas de Animación Turística. Desde este punto de vista, llama la atención que la UNED no hubiese decidido utilizar Costa Rica poema a poema, de Julieta Dobles, conjunto de poemas melosos que también busca mostrar la nación desde una perspectiva “optimista”.

Ahora bien, ahí donde el poemario de Dobles es, sobra decir, trascendentalista, el de Arias Uva parece popular, o si preferimos, folclorista. Y no cabe duda de que los estudiantes de Turismo o los incautos turistas aficionados a tucanes y volcanes vayan a preferir esta última opción (vaya usted a saber por qué). Pero bueno, vamos  a lo que nos interesa.

Costa Rica: 360 grados de poesía es un cúmulo de obviedades sobre la naturaleza y las “buenas gentes” de Costa Rica. Los poemas son ingenuos, repletos de ríos, quijongos, monos, arroz con pollo, pinto, marimbas y toda la parafernalia propia de un acto cívico de primaria o secundaria: “Los volcanes son bongoes,  / tenores los congos, / estridentes las guacamayas” (p. 9).  La voz poética se limita a exponer lo que ve o lo que cree ver. “Toda la selva retumba, / las ranas pueblan las sombras. / Huele a lluvia y a danta” (p. 10). Con ojos de ternura, sí, vale, pero que no le impide componer meras odas cursis. Es como escuchar en una repetición eterna la canción “Soy tico”.

Ciertamente Arias Uva tiene una sensibilidad que le permitiría lograr mejores poemas y superar el cliché del Instituto de Turismo; versos como “Quienes perdieron sus casas el año pasado / encuentran en cada trueno, / secos retumbos de nostalgia” ( p. 8) lo muestran, pero estas posibilidades se pierden entre tantas otras referencias superficiales.

Al imaginario de la naturaleza, de cascadas, árboles, hojas, volcanes y yigüirros, se le suma de forma esporádica la referencia a la ciudad, que una vez más, resulta ser la estampa típica del centro de San José: “De nuevo inicia el movimiento matutino / cuando se descargan // carnes, frutas y verduras / en el mercado Borbón / y en el Central” (p. 35). El discurso patriotero y su visión meseteña atraviesan los poemas de cabo a rabo. Aunque a lo mejor debamos rescatar sus menciones a espacios simbólicos poco recurrentes, como al Black Star Line (p. 52).

Quizás la cuarta parte, “La patria en que me habita” (pp. 117-164), intenta romper un poco con la descripción de postal turística, y busca presentar una voz más profunda o meditativa, pero sabe a poco en medio de todo lo demás. Igualmente, poemas previos, como “Los campesinos”, se esfuerzan por ser denuncia, pero se quedan en un terreno debraviano de sobra conocido: “Los campesinos tienen las coordenadas / de Costa Rica en las venas. / Solo piden: / respeto, esencia, semilla propia, / guitarras y cuadernos” (p. 107).

El libro es plano, monótono y repetitivo como esta misma frase. No ofrece nada novedoso e interesante. Pero vamos, que es para estudiantes de Turismo y para turistas, así que vale, y muy probablemente cumpla su propósito. En ese sentido, además de los poemas como corpus central, presenta glosario y actividades pedagógicas. Y qué glosario. Se toma el tiempo de explicarnos el significado de la palabra “barro” (p. 3), por ejemplo, término arcano, concepto abstracto y muy propio de la región… del planeta Tierra. O el de “guirnaldas” (p. 98).Y como es para turistas, y de Estados Unidos nunca nos visitan, también nos explica quién era Abraham Lincoln (p. 102). Aunque valga decir que esto del glosario a lo mejor no es responsabilidad del poeta, sino de los encargados de la academia en la UNED.

Costa Rica y su poesía: una estampita folclórica que nos encanta mostrar.

Veredicto: dos estrellas, regular (siendo condescendientes)
Sentencia: usar de por vida una guayabera con tucanes
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