“Un adiós para John Lennon”: otro golpe a los premios nacionales

Mario Salas, Un adiós para John Lennon, Colección de Poesía, Editorial Arlekín, San José, 2015, 58 pp.

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Los premios nacionales de literatura suelen resultar polémicos, y parece que ni la nueva ley podrá salvarlos del estigma que cargan. El 2015 no fue la excepción, pues el premio de poesía recayó en Un adiós para John Lennon, ópera prima de Mario Salas, autor cuyas lides han estado en el terreno filosófico. En el medio literario resultó una sorpresa, sin duda, y quizá solo los escritores coetáneos y compañeros filósofos celebraron el premio.

Un adiós para John Lennon es un conjunto de 40 poemas anacrónicos, cursis y repletos de lugares comunes. Cuando uno se pregunta por las razones que pudo haber tenido el jurado para otorgarle el premio solo puede suponer que se debe precisamente a esos lugares comunes, que cierto sector académico suele identificar (o confundir) con “poesía”. Otro ejemplo reciente sería el poemario Agua, de Silvia Castro, premiado en el 2010.

Los poemas de este libro se mueven entre el tema amoroso, la contemplación bucólica y la añeja consigna política “setentosa”. La alusión misma que nos da el título resulta un lugar común pavoroso, especialmente porque cae en la ingenuidad de asumir que las consignas políticas de parte de la producción de Lennon constituyeron efectivamente algún tipo de resistencia al sistema opresor capitalista y militarista. En el poema que da título al libro, leemos: “en los días de las marchas contra ALCOA / […] cuando los mercaderes de la guerra traficaban / su mercancía perversa / Vos / príncipe de los hippies / arcángel rebelde / […] ¿Qué nueva revelación nos preparabas / tras las lunas de cristal de tus anteojos / cuando una bala nos privó de tu voz? / Ahora / que ya las canas vetean mis sienes…” (p. 12-13). Difícilmente se podría uno imaginar un texto tan plagado de giros retóricos planos y referencias tan evidentes.

Y los asuntos amorosos o las contemplaciones costumbristas no corren mejor suerte: “Tu pelo es una selva / misteriosa”, “Y mi brazo como un pez busca tu cintura / mientras flota la Luna en el estanque del cielo (pp. 14-15); “… tu carne suave y amorosa / ni soñaron tu piel tersa…” (p. 38). A veces el acento se vuelve debraviano, en otros momentos simplemente recurre a obvios y gastados juegos intertextuales (“Carta a las gentes del mañana”, p. 24; “Evocación de la patria”, p. 31; “Mujer mía que estás en la tierra”, p 39). La introspección es otro asunto que tampoco saben resolver estos poemas amorosos, pues no ofrecen nada nuevo: “Bella compañera es mi guitarra / armada de seis cuerdas” (p. 42). El poema se llama, sí, “Guitarra”, y cierra con la imagen más pedestre –y hay que decirlo, patriarcal– que sobre el instrumento exista: “Entonces vibra entre mis brazos / como una tibia amante”. A veces, parece querer jugar con la economía de recursos propia de la poesía oriental, pero lo que resultan son insufribles simplezas como esta: “Las nubes son islas blancas / en el vasto azul” (p. 48). Y el libro cierra con una metáfora digna del mejor Marchena o del peor Neruda: “Desde lo alto la miran / eternas / las estrellas” (p. 53).

Poema a poema los ejemplos no se agotan. Y uno no puede evitar preguntarse ¿cuáles autores serán los habituales de los miembros del jurado? Es una lástima que la Editorial Arlekín, que realiza una labor editorial digna de elogio, no haya sido reconocida por el otro poemario que publicó en 2015, El desplazamiento circunstancial, de Jeymer Gamboa. Y eso, para citar un libro del mismo sello, sin contar con que Un adiós para John Lennon se impuso a la potencia de Crooner, de Trejos; al riesgo formal de El señor Pound, de Olivas; a la denuncia de Detener la historia, de Solórzano; a la poesía erótica de A cuerpo abierto, de Espinoza; al neomalditismo en La otra memoria, de Bedoya; a la economía de recursos bien empleados en Ser un tercero, de Ramírez o a las trayectorias de Carlos Cortés y Mauricio Molina. Y ni qué decir de El libro de los malos tiempos, de Granados (aunque creo que no se otorga el premio a un autor fallecido). Es decir, si bien en Costa Rica se publica poesía mala en exceso, no menos cierto es que para el 2015 el jurado tuvo al menos 10 opciones bastante aceptables, decentes y de calidad que dejó pasar, para favorecer uno de los libros más débiles de los últimos tiempos.

Un adiós para John Lennon es un lugar común de cabo a rabo (su portada no es la excepción). No sabemos si el pequeño volumen sea la obra poética de toda una vida de Salas o si se trata de poesía reciente. En cualquier caso, si en algún momento pudo haber sido tomada en cuenta, ese tiempo pasó y pasó hace mucho. En la contraportada, con buena intención pero pésimos resultados –y una aliteración–, Jorge Jiménez –otro premio nacional, también filósofo– dice, como si de una ironía se tratara: “La palabra que los surca zurce con una suavidad casi torpe las grietas que la imaginación ha dejado intactas”. Un visionario este Jiménez. Si de algo carece este libro es justamente de imaginación. Solo nos queda la torpeza. Ni la nota biográfica de la solapa se salva: “Amante de la música, de los atardeceres junto al mar y del cielo estrellado”.

En definitiva, si la poesía costarricense requiere una reingeniería total, con este libro deberíamos empezar a pensar más bien por dónde anda nuestra filosofía.

Veredicto: una estrella, malo (sí, aquí vamo´ a usá ete sitemita)
Sentencia: Que Mark David Chapman se coma todos los ejemplares existentes
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De peras y poetas

Reza el viejo adagio: “No le pidás peras al olmo”. Es decir, no pidamos lo imposible. Por su parte, Octavio Paz nos enseñaba que el único olmo que da peras es el poeta, es decir, es el único ser capaz de producir algo distinto de sí mismo.

En ese espíritu nace este blog, para referirse a la producción poética de autores costarricenses y de autores publicados por editoriales costarricenses, como una forma de crítica (muchas veces los libros nos decepcionan) y una forma de entender eso distinto que nos ofrecen unos cuantos poemarios.

Entendemos la crítica como un diálogo, que atraviesa distintas instancias, como una manifestación de ideas sobre determinados asuntos, que se ponen en relación con otras voces y perspectivas. Lo hacemos desde -faltaba más- nuestro particular punto de vista, el cual intentaremos defender y demostrar -si no cuál es la gracia-, pero con la claridad de que se trata tan solo de una posibilidad ente otras, cuya validez o vigencia responderá a sus posibilidades de ser discutida.

Así, iremos reseñando cada libro de poesía que se publique en nuestro país, a la espera de sacudir ese olmo y ver sus frutos. Por razones metodológicas y de tiempo, nos limitaremos exclusivamente a libros con poesía publicada por primera vez. Esto excluye antologías, obras completas o compilaciones.

Arrancaremos en próximos días, y nuestra primera reseña será sobre el libro Un adiós para John Lennon (Editorial Arlekín, 2015), de Mario Salas, Premio Nacional Aquileo J. Echeverría de poesía 2015. Esperela.

Invitamos a suscribirse al blog y estar pendiente de sus actualizaciones. Nos vemos.

 

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